Nosotres
La Clínica Jurídica Espeletia nació como un experimento de probar hasta dónde puede llegar el Derecho cuando se toma en serio la crisis climática y la desigualdad que atraviesa los territorios colombianos.
¿Dónde empezó todo?
El punto de partida no fue un caso ni una sentencia, sino una pregunta incómoda que circulaba en los pasillos del Departamento de Derecho Constitucional: ¿Qué significa, en clave concreta, que una facultad de derecho responda a la crisis climática más allá de la teoría? Esa inquietud se conectó con la misión histórica del Externado de luchar contra la desigualdad y promover un desarrollo sostenible, y de allí surgió la idea de diseñar un espacio pedagógico que no se limitara a estudiar la Constitución, sino que la hiciera valer allí donde la crisis climática ya no era una hipótesis, sino una emergencia cotidiana.
Detrás de esa idea hubo varias conversaciones: entre quienes ven en el litigio una herramienta de transformación y quienes insisten en la importancia de la investigación rigurosa; entre el entusiasmo estudiantil y la cautela institucional. De ese cruce nació el concepto de una clínica jurídica climática que trabajara sobre conflictos reales y, al mismo tiempo, incidiera trascendiendo de los artículos académicos y conversaciones en seminarios.
Por esto, nuestra historia comenzó con una visión clara: convertir la academia en un espacio pedagógico innovador donde los futuros abogados no solo aprenden leyes y leen expedientes, sino que transforman realidades sociales a partir de la investigación aplicada, el acercamiento con las comunidades y la incidencia en políticas sociales, ambientales y territoriales.
El nombre y la apuesta.
El nombre no fue casual, sino una respuesta simbólica. Así como el frailejón protege los páramos atrapando agua entre la niebla, Espeletia nació para proteger los derechos humanos atrapados entre las consecuencias del cambio climático. Era una forma de recordar que, en Colombia, discutir derechos humanos y servicios públicos es, inevitablemente, discutir también sobre ecosistemas estratégicos.
La expresión “Red para la Gobernanza Climática del Territorio” completó la apuesta: no se trataba solo de una clínica de litigio, sino de un nodo que dialogara con organizaciones sociales, comunidades y otras iniciativas académicas que buscan transformar la forma en que se toman decisiones sobre el clima y el territorio.
Así se consolidó un proyecto anclado en tres verbos: aprender, investigar e incidir. La clínica se pensó como un laboratorio donde el Derecho Constitucional saliera del aula para enfrentarse a las tensiones entre regulación de servicios públicos, políticas climáticas y obligaciones estatales de garantizar derechos en contextos de calentamiento global.
Con esa hoja de ruta, se conformó el primer equipo: diez estudiantes de pregrado, acompañados por la dirección del doctor Humberto Sierra Porto, la coordinación del profesor Manuel Páez Ramírez y el apoyo de la docente María Daniela Díaz. Para ellos, Espeletia no era una asignatura más, sino la oportunidad de trabajar arduamente bajo una comprensión distinta de la profesión: una abogacía situada, que escucha al territorio y se alinea con causas de interés público.
El primer laboratorio de trabajo se centró en un problema tan cotidiano como crítico: las dificultades en el disfrute del servicio de acueducto en Bogotá y sus vínculos con los impactos locales del calentamiento global. A partir de ahí, la clínica empezó a trazar mapas: de barrios donde los cortes de agua son recurrentes, de zonas periurbanas con acceso precario, de disposiciones normativas que no dialogan con la realidad climática, y de oportunidades de litigio estratégico para forzar respuestas institucionales más coherentes con las obligaciones de derechos humanos.
El modelo pedagógico.
El diseño de Espeletia se enmarca en el modelo de clínicas jurídicas promovido por la Ley 2113 de 2021, que redefine el papel de los consultorios jurídicos y abre la puerta a formas de enseñanza basadas en casos reales y trabajo comunitario. Pero la clínica decidió ir un paso más allá: asumió esa ley como soporte normativo para impulsar una visión alternativa del Derecho, no como simple técnica de resolución de conflictos, sino como herramienta idónea para impulsar cambios sociales estructurales.
Ese enfoque se tradujo en una metodología exigente para el estudiantado: combinar la lectura de expedientes con la comprensión de políticas públicas, analizar estándares constitucionales y de derechos humanos junto con estudios sobre crisis climática, y traducir esa mezcla en acciones concretas como demandas, intervenciones ciudadanas, solicitudes administrativas y ejercicios de pedagogía popular. La clínica, así, se convirtió en un espacio donde aprender a litigar implicaba también aprender a escuchar, sistematizar y narrar los conflictos que la crisis climática va dejando a su paso.
Nuestros Ejes de Trabajo.
Desde su arranque oficial, el proyecto se organizó alrededor de tres ejes: formación, investigación e incidencia.
- Formación: talleres de estrategias de litigio, análisis de casos emblemáticos, simulaciones de audiencias y ejercicios de escritura jurídica orientados a la defensa de derechos afectados por el cambio climático y por la mala prestación de servicios públicos
- Investigación: identificación de patrones de vulneración en el acceso al agua, estudio de las conexiones entre regulación de servicios públicos, justicia ambiental y obligaciones climáticas del Estado, y construcción de insumos que alimenten futuros litigios y debates legislativos.
- Incidencia: diseño de acciones concretas como cabildeo legislativo, pedagogía popular en territorios afectados, acompañamiento a comunidades y litigio estratégico de casos con potencial transformador.
En este marco, estudiantes como Valentina Herrera, Camilo Vanegas, David Rodríguez, Juan David Herrera, Angélica Soto y Esteban Mariño asumieron el reto de convertir estas líneas en prácticas concretas, usando las herramientas del Derecho Constitucional para intervenir discusiones sobre políticas de agua, planes de adaptación climática y esquemas de prestación de servicios públicos domiciliarios.
Un camino abierto: derecho, academia y territorio
La historia de la Clínica Jurídica Espeletia es, por ahora, la historia de un comienzo. Un comienzo que marca la decisión del Departamento de Derecho Constitucional y de la Facultad de Derecho de poner el conocimiento jurídico al servicio de la sociedad, con la ambición de construir soluciones innovadoras frente a los desafíos del cambio climático y la justicia ambiental.
El proyecto se reconoce como una “red” porque entiende que su fuerza estará en la capacidad de tejer alianzas: con organizaciones sociales, movimientos ambientales, comunidades urbanas y rurales, operadores jurídicos y otras clínicas y centros de investigación. Desde allí, Espeletia aspira a convertirse en un punto de referencia para quienes creen que la defensa del Estado social de derecho, en el siglo XXI, pasa por asumir en serio la gobernanza climática del territorio.
La invitación sigue abierta: cada cohorte de estudiantes que se sume a la clínica escribirá un nuevo capítulo de esta historia, llevando el litigio estratégico, la investigación y la pedagogía más cerca de los territorios donde el cambio climático ya no es una hipótesis, sino una realidad cotidiana.